Nuestra protagonista, Pi-lar Hercúlea Utopía -lo sé, es un nombre tan extraño, debe ser una mezcla incatalogable entre vasco y chino- era una niña muy muy lista, perooooooo muy muuuuy vaga. Tanto que… los profesores pensaban que era como mínimo demasiado «peculiar«.
En el fondo Pi-lar solo se aburria en esas interminables clases. Consideraba que aprender debería ser una aventura apasionante. Era mejor incluso en buena compañía.
A ella le gustaba coleccionar momentos y risas. Sin importar la seriedad de los adultos. Siempre estaban demasiado ocupados con sus responsabilidades, aunque no fueran importantes ni vitales.
Pi-lar estaba preocupada, porque nunca a los mayores nunca les veía sonriendo. Eran muy aburridos a sus ojos de niña. Pi-lar con todos ellos se aburría infinito. Solo quería jugar mientras empezará su transformación irremediable del «mal del tiempo». Jugar. Intentar ser niña- aunque no siempre le dejarán….
Misteriosamente o no, los demás infantes pensaban lo mismo. Tal vez por esta razón encontraban en Pi-lar más que un referente: una amiga de verdad. Y prácticamente nuestra protagonista nunca estaba sola. Incluso en las ausencias. Ella era feliz con su querida gente.
Mientras tanto el agudo y complejo sistema educativo, acentuaba el problema de Pi-lar. Que hacia temblar sus bases «inexplicablemente», Ella ponía en serios dudas e incluso problema lo que los adultos consideraban sobre la educación en la infancia.
La directiva se las ingenio con una idea muuuyyy brillante para poder redirigir la vida de Pi-lar. Mandarle obligaciones. Muchas. Cada vez más. Entre tareas imposibles e infinitas ella aprendería y corregía su carácter. Así nacieron Los deberes.
Más concretamente, lo llamaron los «12 asignaturas imposibles» exclusivas para Pi-lar Hercúlea Infinita». Se creían dioses que debían castigar a alguien que se pasaba de lista. de protagonista, de heroína.
Lo sé, es raro, incluso parece la sinopsis de una película de serie Z cuanto menos, pero: ¿por qué Yo -un adulto- debería mentir en un cuento infantil?.
La cuestión es que Pi-lar, para sus amigos Pi, convocó a sus infinitas amistades para resolver en un nanosegundo el ingenio de todos los adultos. Con creatividad y risas tod@s todos jugaron y se lo pasaron en grande. Mientras aprendían…
A modo de respuesta, Pi-lar solo les dijo a los adultos: «vuestro tiempo esta adulterado: mis 20 minutos de patio son vuestros 5 minutos del café«. Nunca le contestaron, pues era ingenuo. Infantil. Inocente. Una pequeña obviedad infantil a un serio problema de adultos.
A esta ocurrencia solo el mejor amigo de Pi, su íntimo oso de peluche, Momo, que sí sabe escuchar. Le respondió entre silencios, juegos y complicidades algo que Pi-lar tenía claro de siempre: una amistad sincera vale infinito. Al final entre todos hasta lo imposible es más llevadero.

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