NUESTRAS MAYORES DEUDAS
Esta mañana también albergo una esperanza temerosa de convertirse en una certeza. Por muchas heridas y miedos que tenga… me alcanza un alivio en el alma. Algo que me persigue constantemente. Ambiguo. Inexplicable aún.
Sin embargo, vulnerable esa sensación se sincera un poquito más, solo busca ser devorada por mis demonios con más frecuencia. Los otros habitantes de mi interior lo intentan a regañadientes, feroces boicotean mis ardientes anhelos e incluso juegan a convertirlos en ceniza.
Pero… lo sé: a pesar de este sufrimiento temporal no todo está perdido aún. Yo puedo volverme el despertar de un sueño. Uno que merezca ser vivido más allá de duermevelas caprichosas y en esencia pasajeras.
Desde hoy busco alcanzar una nueva realidad que pueda construir por mí mismo. Con o sin ti. No en vano, hay paraísos que solo se pueden entrar solo y con una única llave. La mía. Mi vida.
Por supuesto compartiré contigo mi mejor versión, pero no puedo prometer ser solo tuyo. Pues mi mayor deuda -y la de todos- debería ser con nosotros mismos.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.