EL JUEGO DEL CAZADOR CAZADO
Me pregunto si es normal que para “poder dejarse llevar” ante las fuerzas de la vida, sea normal “perderse”. Ese «dejar de ser” se vuelve recurrente para transmutar en una eterna metamorfosis. ¿Acaso somos como una telaraña amalgamada?
No en vano, las personas atrapamos momentos con cierta sofisticación, urdimos nuestras historias en algún rinconcito para poder atrapar a nuestro incauto alimento. Momento a momento establecemos nuestra red de existencias. Y así cada día salimos de batida. A cazar horas muertas entre momentos dispersos.
Nosotros siempre buscamos hambrientos devorar más segundos. Siempre queremos más y más de su esencia, pero.. al final. nunca escapamos de nuestra verdugo, el Tiempo.
Si somos honesto, todo es muy diferente. En verdad, «Él» es quién se alimenta de nosotros, así se enfrentan eternidad y finitud, y siempre la humanidad acaba derrotada entre mordisqueos de recuerdos y olvidos.
Ese descubrimiento es el peor, pues inevitablemente te sientes un peón de su juego efímero. Pues al final el Tiempo en la partida de la existencia apenas viene con instrucciones, y por mucho que busquemos cuadricular todo, los movimientos son infinitos dentro de nuestro tablero. Nuestra propia vida.
A su vez en un extraño y paradójico colección de experiencias, las personas jugamos a ser depredadores, tal vez por negar nuestra vulnerabilidad de presa, pero al final ante la eternidad y para sorpresa de nadie ocurre: todos los seres humanos somos… cazadores cazados.

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