LÁGRIMAS EN LA NIEVE

Un copo de nieve se derrite huérfano de inviernos. Se diluye a pesar de las bajas temperaturas. Le envía el mismísimo frío y aún así se derrite sin compasión. Que cosas…A pesar de su gélida esencia se siente abrasado hoy. Volátil.

Le da miedo morir tan fácilmente, disolverse en un charco cualquiera… Le da miedo que nadie lo recordará: nuestro copo jamás existió a pesar de albergar una vida y sentirse existencialista. De ser único. Vital…

Los humanos le achacarán simplemente ser nevada. Sobre todo aquellos que no lo conocen ni conocerán nunca. Aquellos cobardes que le juzgarán e incluso maldecirán, mientras sus bocas castañean y su cuerpo tirita. Aquellos traicioneros que ni siquiera teniéndolo cerca…, se molestan en conocerlo.

Y por estas razones se enfada -con más o menos justicia- con su padre, el Invierno. Aquel que lleva demasiado tiempo desatendiéndose de su estirpe. De todos los hijos que un arrebato de tristeza -y ,tal vez, funcionalidad- desperdigo por el cielo.

De toda esta historia solo quedaran lágrimas de nuestro protagonista fundiéndose en un frío charco tras un forzoso aterrizaje. El que solo aspiraba a ser estrella fugaz… y por esta razón forjó su forma predilecta. Antes de partir en una inesperada nevada y volverse un aguacero de promesas rotas por siempre. Por nunca…

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