LLEGAR A TIEMPO
A veces siento que solo sé llegar tarde… a todo. Entre destiempos simplemente vivo. Avanzo piano a piano, mientras la canción del resto se evapora delante mía y se despide… dejando solo silencio. Pero a veces sí sucede: algunas canciones esperan a ser escuchadas un poquito después, y hasta yo las alcanzo a mi manera. Aunque débiles solo pervivan como restos de melodías moribundas, suenan rebeldes ante mí. Y doy las gracias por poder conocer esas cenizas musicales.
No sé cuantas tiempos de descuento me han dado ya. Avanzo entre la ambigüedad de un siempre y un nunca. Con delicadeza intento coleccionar esos momentos y torpe siento que soy un imperfecto inexorable. Que me estoy perdiendo «cosas» por no poder acelerar más en esta existencia.
A veces… me persiguen pasados inexistentes y futuros por cazar. Mientras vacío los bolsillos de mi tiempo, los relojes constantes en su costumbre no paran de dar tantas vueltas egoístas sobre si mismos.
Desde mis ojos soñadores esas complejas máquinas parecen embriagadas e incluso manipuladoras, aunque…. tal vez simplemente los minuteros buscan establecer para mí un lugar preestablecido en su manida ruta. Esos mecanismos casi perfectos, esclavos de lo fugaz, buscan huir a un momento eterno que jamás existirá.
Y yo vulnerable a veces me emborracho entre recuerdos, rezo por infancias casi perdidas o aspiro a construir un futuro abstracto. Luego parece que solo llego pronto para el constante marchitar del ahora. Parezco el vástago perdido del otoño del tiempo. De momento solo se me da bien lo de volverse un horario con celdas prisioneras día a día.
Pero en este pensar lento, en este llegar tarde a todas horas me ha dado tiempo a reflexionar incluso las cuestiones atemporales. Existen ese tipo de preguntas que lanzo a los pliegues de cada día avanza silenciosos entre momentos. Hasta ahora nunca me ha respondido. Pero ante todo siempre me sobran tantas preguntas, la mayoría esperando ser cobradas sin éxito, como todas esas horas hipotecadas que me tiene que devolver la eternidad.
¿Acaso alguien puede considerar que llega tarde para existir? ¿tarde para un primer latido?¿tarde para una mirada llena de magia?¿tarde para un beso sincero con ojos cerrados?¿tarde para un café que cura el alma con su conversación?¿tarde incluso… para decidir que aún soy un pronto perdido entre posibilidades aletargadas? ¿tarde incluso… para saber escribir una confesión íntima -tal vez necesaria- a destiempo?
Solo el tiempo en su preciso momento responderá… y yo soy un instante perdido esperando su instancia resuelta. Entre cafés cortos… y confesiones largas. Entre vahos y olores, entre azucares y posos, entre tazas y verdades.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.