DESABROCHAR UN ABISMO
Un encuentro fortuito con el azar ha querido que nos volvamos a ver. Estás extrañamente igual, pareces haber esquivado la adversidad. Todas esas posibles diferencias que te arrojaba la vida. Incluso de mí. Con tu extraña aura intacta pareces desfilar con la dulzura de lo genuino.
Avanzas sin miedo en esta sonrisa sincera, ni siquiera temes ya mirarme fijamente. Estás ocupada simplemente en vivir este momento. Lo intuimos: seguramente tardemos en volver a vernos o… puede que se trata de nuestro último reencuentro. No lo sabemos. Nunca. Aún así…, querida Infancia, gracias por venir. Riamos al menos hoy sin miedo, al menos por una vez más y de forma inesperada. De verdad… muchas gracias por esta visita inesperada
Desabrochaste una sonrisa en los pliegues robustos de mi adultez, incluso en las roscas más maniatadas; aquellas que me atragantaban y no dejaban fluir a mi voz, convertida en una garganta rota. Una que quería y no podía llorar.
Gracias a tu frescura olvidada intento volver… Ir a por todas y aunque el proceso me de miedo e implique – tal vez- quedarse sin nada, me sumergiré en mis abismos hasta ser digno de comprender mi profundidad… Esa que aún hace reír a mi niño interior a pesar de todo.

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