VIVIR A TIEMPO

Corrí detrás de Él, pues Yo siempre voy detrás sin ningún remedio aparente. Ante mi privado “poco a poco” todo avanza demasiado deprisa. Pasito a pasito camino por los días. La persigo, pero… la eternidad nunca se detiene a pararse a mirar atrás… – o eso dicen los soñadores que quiere creer en su finitud-. Nunca.

Frente a mis horas contadas, ella es opuesta. Tan diferente a mí que me siento la otra cara de la misma moneda. La otra puesta en escena del Tiempo. La cruz.

Pero pese a todo, en este tímido juego de miradas solo encontré momentos que pasaron por mí uno a uno, como glóbulos por la sangre en constante movimiento. Estos recuerdos fluctuaban ante el vibrar de los segundos, inmersos en la carretera de la vida, perdiéndose la existencia por todo mi organismos… en un ambiguo nunca o siempre. Y a veces… chocando incluso con el olvido.

Lo sé: el flujo sanguíneo en apariencia «parece» un circuito cerrado, pero allí anida la electricidad de mi ser, todos mis movimientos avanzan caóticos, mientras olvidamos que nuestra identidad única se subcompone a su vez de «micropartes» y del resto; de esto modo todo sigue extrañamente igual a pesar de las recurrentes diferencias.

Así se establece el marco referencial, esas coordenadas que ambiguas o destartaladas me guían en este curioso estar; uno que tímido encamina a un ser por ambiguos caminos.

Con miedo reconozco que cruzo la senda del viajero, una que empieza y termina en cada paso, como resultado aparecen huellas sin marcas que… se llevará el tiempo. Ante todo este hechizo de la realidad la cronología habla sabia, aunque siempre a destiempo – a veces incluso necesitas años para entender algo básico- ; pues las señales del minutero eterno son tan ambiguas como las vueltas de un reloj para un niño. Uno que no sabe calcular las horas, porque simplemente se sienta a jugar… y no invierte el momento – en extraños sacrificios- para medir la vida que corre bajo sus pies.

Tal vez por esa simple razón… a veces quisiéramos que la infancia permaneciese en una inocencia eterna, ante una inmaculado momento que prolongar, mientras todo este mágico proceso… se ve interrumpido por la adultez. Incluso antes de desaparecer… en las marismas de un maniatado ser. Ese que… simplemente quiere aprender a vivir a tiempo.

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