SOSPECHAS
Te veo y sospecho que mi nueva vida puede estar más cerca. Te miro y sospecho que el motivo del torpe danzar de mi pecho eres tú. Te observo y sospecho que las penas se disuelven a regañadientes, aunque hoy sea víctima o idiota.
Aunque sea por un momento, simplemente esas identidades falsas se van. Y me relajo. Te comparto una mirada y sospecho que ya no hay más necesidades de sospechar. De tomarse todo tan en serio. De ir aquí y allí también con la duda molestándome incluso en la yugular. Aún no sé porque tarde tanto en limpiar el espejo de mi alma…. y atreverme a ver sin vergüenza.
Me he sentido cómo si el remordimiento jamás se independizará de mi mente, ya no roe los restos de un valiente moribundo. Allí solo quedaba un cobarde que simplemente no confiaba en nadie ni nada.
Te hablo y lo sospecho me hicieron daño irrefutable, traicionaron mis mejores intentos y esperanzas. Mi ser quedó corrosivo y dañado. Todo lleno de dolor. Desde la primera esquina de mis aristas hasta mi último recoveco.
Pero ahora me relajo de todos los tajos que me dieron. Esos cortes que se alimentaban de mi piel, sacando afuera mi más vulnerable interior. Me sentía como una tortuga, pero sin caparazón: especialmente lento y desnudo.
Te analizo y sospecho que era más fácil la paranoia que afrontar que estas cosas suceden, porque es ley de vida: salir herido y luego sanar con lo aprendido. Forma parte del crecimiento y hasta de la mejora personal. Sospecho que me voy a dejar de tantos misterios y conjeturas, al menos una temporada, y voy a intentar vivir sin ir a la duda moribunda. Aquella que ya nace muerta. Y supurada en dolor.
Existo y sospecho que me tomaba todo a pecho, que preguntaba porque solo quería escuchar el eco de mi dolor fundido en mi pastosa voz. Ahora me dejaré de gritos en plena madrugada y volveré a salir a la palestra. A pesar del miedo, defenderé mi vida, tal vez, así las respuestas a las preguntas vendrán poco a poco.
Confió en el resto, incluso en mí, aunque sea a mi manera, y ya no sospecho más.

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