Ardo en deseos… de poder apagarme. De gestionar mi gran intensidad. Para la mayoría de la multitud suelo ser ingente… Demasiado grande. Sin embargo, a la vez no puedo evitar preguntarme algo más, quiero lanzar al aire la dudas por fin liberadas: ¿Quién es eficaz con sus emociones?¿Quién calcula la sensibilidad en cuadrículas ante la vida irregular?

Y así me siento un cuadro pendiente aún por pintar… Añoro el sabor al arte que aprendí en la infancia. Hambriento de pinceladas busco hoy una paleta de colores. Una que sepa atrapar mis coloridos deseos más allá de mi escala de grises.

Quiero volverme con el tiempo un arcoíris en redención. Surcando uno a uno los cielos perdidos, más allá de la llovizna de mis ojitos, allí encontraré intensos colores y nunca se sabe si más magia, encerrada en calderos improbables y criaturas exóticas. Y tal vez… incluso yo mismo.

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