DESPEJAR EL ARTE
El arte es mi primera defensa contra mí mismo. Un baluarte ante las adversidades que a veces me nublan, como el cielo brumoso en plena tormenta. Siempre me salva antes de romper a llorar.
Frente al resto se ha vuelto un paraíso privado, mi último arresto de personalidad antes de brindar con la lucidez opaca de mi mente. Mi ser en plena supervivencia permanece con mucha sed, a todas horas me empapa una llamativa locura. Sobre todo… si escribo.
Antes de que prendan finalmente mis entrañas, antes de volverse ceniza…, la palabra me guía con su cálida luz, me acaricia con su sensibilidad, me nutre de nuestras ideas creativas. Así descubro que estas virtudes anidan en mí. Que hasta yo tengo alas para volar, aunque sea en constantes volandas. Entre aleteos efímeros de arte y creación.
Recuerdo que a pesar de sentirme una figura demasiado cuadriculada por la razón, por suerte aún tengo mis esquinitas y aristas. Estos defectos en punta señalan mi humanidad imperante. Lo que me queda por recorrer aún. Después de haberlo negado -seguramente por haberlo olvidado- lo recordé entre ardientes líneas. Es simple, yo soy una compleja persona. Solo soy un humano más…
Poco a poco, con cada palabra descubro un nuevo misterioso personal, entre problemas vitales descifro más allá de la piel los pliegues de mi interior, en especial si se estiran hasta la redención.
Cuando escribo, soy un cosmos en constante ebullición, una vida explorando sus posibilidades entre las decisiones y el azar, una ciencia conmovida por la existencia me atrapó hace mucho ya.
Al final soy tantas cosas y a la vez ninguna. Así giro y giro sobre mí mismo. Parezco una fuerza centrífuga del universo más. En este infinito espacio yo solo soy un agente de cambio más. Un eje que teje su hilo del destino con cada momento, al final me encontré…, cuando entendí que mi coordenada soy yo mismo. El eje X e Y son todas las letras que escribo. Y las que faltan… por redactar entre frases y confesiones.
Hoy me siento una gráfica imperfecta, donde ambas líneas luchan por besarse entre divorcios experienciales. Tallando en el papel una nueva línea, entre números y palabras se traza un dibujo con altibajos. Subidas y bajadas entre 5 líneas.
Sumo a estas incógnitas inquebrantables la voluntad de seguir aplicando matemáticas y letras a mi vida: tal vez de este curioso modo pueda conocer a mi ser.
Con el tiempo que se estrecha el mayor problema de la vida no es que sea finita, es algo más básico y común: «no intentarlo…». Un problema que nos tienta en todo momento. Y tal vez ir en busca de todas esas creaciones pendientes. Así poder traer… colores, letras, dibujos, canciones y música al mundo. Incluso risas y llantos.
Aunque el arte sea aparentemente un misterio sin la resolución que huye de nosotros. Sí, lo confirmo. Los soñadores queremos continuar aquí , aunque quizás no extraeremos nada. Al menos… supuestamente.
Tal vez la única fuerza de resolver mi resultado vital -uno que al menos a mí me sirva- sea el arte. Así despejo mi mente a pesar de que será una eterna incógnita, el resto espero poder reciclarlo entre dudas, vivencias y creación.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.