PALPITAR
Palpito otra vez. Aunque en el fondo no sé cómo. Pero seguramente sea una de esos regalos de la vida que «no hay que pensar». Un misterioso apasionante. Una música de la existencia. Así es un latir que se abre paso en un corazón con cicatrices, pero que ante todo lo intenta…
Me recuerda a un niño que solo quiere explorar la existencia, busca aún la vida y el amor. Fuera… e incluso… dentro. Y aunque el corazón ocupa un lugar central en nuestro organismo, lo olvidamos. Vilipendiado por la mente. Ignorado. Como un río alegre congelado por el resto del cuerpo. Sangre negada. Sin fluir.
Pero aún así se mueve, aunque sea sobre sí mismo. Y como una estrella olvidada mueve a un ecosistema que depende de él, sin necesitarlo del todo… hasta que llega la muerte inevitable, y la mayoría de veces a regañadientes y casi nunca sin sonreír.
A su misteriosa manera recorremos el flujo sanguíneo, es la marcha oculta de nuestras vidas, el primer camino que recorremos en circuito vivo en formato circular. Hoy en día… no me parece casual esta metáfora ambigua. Tal vez un latido, un palpitar solo sea una pisada de nuestro corazón en el camino de la vida.

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