VIVIR ENCRIPTADO
No entiendo cómo he llegado exactamente aquí, es un misterio que imbuye la vida, el resonar de cada latido avanza mientras yo me visto con cada madrugada. Delante del espejo la existencia se maquilla barajando su capa fluida de identidades. Entre silencios y miradas me vuelvo a hablar y decirme: « Mucho animo hoy. Fuerza peleando el día. Incluso en plena noche… »
Durante tanto tiempo la cerrazón con ansias de abrirse abrazaba hermética mis días. Hasta que en un tonto -y seguramente anhelado- descuido esa tenaza se abrió… Tal vez fuiste tú al venir. No lo sé aún…. y tal vez sea lo mejor. Yo lo descubrí tras muchos momentos arrojados a la nada; aunque me desviva por vivir, la muerte no perdona nunca. Jamás.
Poco a poco entendí que al abrirse al resto un poco más la realidad es más sincera y compartida. Quizás esta lección suena sencilla, lo sé; al menos yo he tardado demasiadas noches en darme cuenta, con y sin Luna imperando.
Mañana tal vez sepa aprovechar cada amanecer…., de amar el poder crecer entre momentos y nostalgias. Incluso… entre recuerdos, penas y sobre todo dolor. ¿Algún día entenderé la tristeza de una sonrisa plena?¿o la alegría oculta en un llanto liberador?
Con el paso de los días entendí que las paradojas son inevitables, bailan entre dudas y matices. Y nos envuelven hasta engullirnos entre besos y mordiscos. No en vano, la luz ilumina, guía y calienta, pero también se aleja muy rápido. Demasiado. En una infinita fuga. Siempre resultará imposible de atrapar, pues lúcida se mueve veloz y solo el eco de mi voz parece perseguirlo a su torpe manera. Siempre… detrás.
Por estas extrañas razones, soy de esos idiotas que no les importa contar los colores celeste de la aurora -aunque seguramente sean siempre los mismos-, ya sea con números o letras intento descifrarla.
Y me pregunto ingenuo: ¿Cómo algo tan distante como los pliegues del cielo puedo pintar en mis pupilas un paisaje? Mi retina se vuelve un lienzo efímero. Cada color me opera a corazón abierto, dejando borbotones de tinta multicolor en mis estrictos.
Tras demasiadas auroras, reflexiones y preguntas silenciosas, todos mezclados con actos huecos, a veces la anhelada y huidiza respuesta es… simplemente «intentarlo». Las personas pronto nos obsesionamos con encontrar un enigma digno de la humanidad, pero en este ambiguo y complejo proceso nos perdemos. Simplemente olvidamos vivir. Nos centramos solo en ver problemas y enemigos. Incluso cuando estamos solos….
Lo confieso: para mí por mucho que intentemos aprender a programarla, entendí que vivir encriptado no resolvía ningún dato al final. Y para descifrar, tal vez, la vida se base en sentirse y actuar menos como un número perfecto, ser una persona capaz de perdonar su imperfección.

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