LA LUZ DE LAS LUCIÉRNAGAS

Es cierto, sí: podría prometerte no meterme en más problemas que mi sincera compañía. Sin embargo, con el tiempo -y siempre bastante tarde- aprendí que una amistad o un amor se enfrasca en conversaciones, luchas y duelos ajenos… cuando es necesario. Por el simplemente hecho de que pesen menos para alguien al que quieres. Porque muchos problemas piden constantemente auxilio, ya sea entre sutiles silencios o gritos camuflados.

Gracias a ti lo aprendí. En cada vida existen desafíos que uno solo simplemente no puede resolver de ninguna forma. Por mucho que -a veces- nos emperremos en lo contrario: al final somos individuos que necesitan como mínimo un dúo para afrontar los mayores retos de la vida.

Y por desgracia casi siempre la gente prefiere no decir nada o incluso espantarte con las peores palabras e incluso actos… cuando estás sufriendo. Cuando estás perdido en plenas tinieblas poca gente puede decir un “quédate a mi lado”. Y allí es cuando deben aparecer esas personas que florecen como faros en abismos. Esos aliados que con sus pequeñas luces -aunque sean efervescentes e intermitentes- nos recuerdan que podemos ver los colores sin baños negros, volar en cielos tranquilos y sentirnos mejor.

Incluso cuando estamos perdidos en mitad de la noche, hasta casi ahogarnos en lodazal de nuestras miserias, suelen transitar esos seres queridos por nuestra existencia.

Esos confidente se vuelven tan necesarios como respirar, bebe o comer. Son aquellos que desde sus más peculiares formas e intentos hondean sus pequeñas linternas para ayudarnos. Viven por nosotros atravesando nuestra piel por la noche, como luciérnagas que solo buscan sacar nuestros mejores amaneceres, incluso sí… no saben pintar cuadros celestes.

Los seres queridos son aquellos que arrojan sus pequeñas estrellas a nuestro aciago lienzo con el puntillismo de la ilusión, arropándonos con el cariño de un rescate en ciernes, todo por intentarnos ayudar. Son la luz de las luciérnagas.

2 respuestas a «La luz de las luciérnagas»

    1. Gracias por regalar un corazoncito. Me alegro que te haya gustado estas frases.

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