CON O SIN AMBIGÜEDADES
Me siento ambivalente. No sé si soy más lo que decidí o lo que renuncié. Cuando elijo una mitad, la otra siempre me persigue. Pegada a mí como una sombra. Es extraño y a la vez se siente tan humano.
Así la nube de un quizás me devora envolvente. Me marea entre negras nieblas que aún perviven destellos diferentes. Entre todos esos complejos ambientes compongo mi mejor intento. Incluso camuflo mis torpes dudas entre elegantes pisadas.
Deshilachado avanzo por no poder ser todo, pero al final «seleccionar» forma parte de la libertad. Lo sé demasiado bien… a veces el proceso es doloroso. Otras incluso… se vuelve (no sabes cómo aún del todo) una locura; pero ante todo debo confesarlo: cuando aciertas, lo sabes. Ya no existen más ambigüedades, esas que solo traen un veneno lento y mortal.
En esos momentos simplemente ya no hay más dudas: tú «acertaste» a pesar del entramado de opciones. Sobre todo en las pequeñas cosas… Esas que ayudan a encarar una vida sin sentir los clavos difusos de una cruz.

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