DEVORARME VORAZMENTE

Juré que no volvería…, pero es irresistible venir a verte otra vez. No me importa quebrar la promesa frágil que hice ante el sucio cristal de un espejo oxidado, cuando simplemente me sentía solo. Aislado. Incapaz de compartir momentos sinceros. Y mucho menos de intercambiar sonrisas entre miradas, yo… prefería esconderme entre fugas.

Pensaba que huir era la solución hasta encontrar con algo que sí mereciera la pena.

Mis emociones eran palabras ambiguas de alguien que dudaba y sufría, que no sabía romper la espiral matemática de sus problemas. Unas incógnitas que daban vueltas y vueltas. Atrapada entre los remolinos invisibles de mi cabeza, como papelitos girando esclavos del viento otoñal; que sin saber exactamente el porqué las mece en su cuna de aire.

Así la incertidumbre se apoderó de mí ,como la sal a una lágrima, no me dejaba saltar ni escapar a un lugar seguro, sin duda se obsesionó conmigo y yo con ella. Me resultaba más fácil esconderme y que decidieran por mí, en vez de salir en búsqueda de aquello que pudiera llenarme. Sin embargo… me cansé de estar hastiado y harto de partir para romper, como una ola veterana en un ciclo que cree inmutable. Inexorable.

Y aunque no sé que estoy buscando «exactamente», he emprendido un viaje entre palabras y momentos, ahora busca liberarme dando caza a esos sentimientos presos de mi mayor depredador: yo mismo. Estoy intentando abandonar mi hambre voraz, prácticamente infinita, de querer devorarme. Así me dedico a cambiar mi ya manido menú de «solo uno» por una renovada sed de vivencias y una insaciable cocción de existencias. Y a la postre: coleccionar más historias.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.