ROCES DE LETRAS

Revisto la desnudez de mis certezas con nuevas palabras. Me acarician buscando verdades entre los pliegues de mi piel, allí donde mi alma se esconde ante un salvaje mundo. Me descubro escribiendo una ambigua verdad más allá de la carne. Lenta, poco a poco se desnuda…

De momento las letras son los únicos roces que me han permitido llorar, al menos desde que se ausentaron en las ausencias tus abrazos. Ese roce entre palabras que siempre deja un amor entre líneas… prófugas de lo nada y lo eterno.

Ahora cobran una nueva forma como la tristeza cuando se libera en una lágrima. O el maquillaje de una mirada firme con tintes de cariño y -tal vez- amor. Una que no se amilana cuando unos ojos traviesos y huidizos se quedan contemplándonos. Una que se enriza en mis ojos como una mirada profunda. Y ante todo sin miedo de bañarse en mi alma detrás de las retinas.

Escribir hoy se siente extraño, pero anhelado, como un improbable primer beso que envía a casa a la estadística de las «cosas imposibles» . Y solo queda desnudarse, mientras me descubro entre historias por contar…. y roces de letras.

Aunque apenas entienden de números, estos sueños se vierten ante el sumidero que representan a veces las palabras escritas entre momentos perdidos.

En esos momentos que nadie reclamará, pero que aún así gritan al silencio: «no quiero irme». Mientras su recuerdo se desvanece entre una inequívoca fuga y un inexorable pasado.

Sin duda, fue divertido dedicarte unas palabras en un roce de letras, que ahora perpetuo queda retenido en el anonimato de unos párrafos. Entre palabras que seguramente se perderán con el tiempo hambriento, siempre indeciso entre lo finito y lo eterno.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.