TENER «ALGO» QUE CONTAR
Lo confieso: si adopto palabras en mis historias a todas horas, es porque lo entiendo: ese ser -e incluso sentirse- siempre huérfano de… “tener” algo que contar. Entre secretos anhelantes y labios cerrados mueren algunos de estos silencios cada vez más ardientes.
Mientras trazo torpe cada letra, mi alma se adapta por fin a sí misma, avanza como el viento o el agua salvajes dejándose llevar por la corriente… Mi interior se descubre dibujando una sonrisa a rienda suelta. Ya no teme la cadena perpetua del recurrente miedo.
Solo al escribir puedo besar la libertad y tal vez a mi ser. Ese que sonríe entre relatos vivos y ratitos muertos. Y añora a veces algo más de ficción en la espesa fricción de la realidad, Supongo que solo quiero viajar más allá de la vereda de la infancia.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.