PEDAZOS DE UN PUZLE
A pesar de coleccionar pedazos de mí mismo en cada despedida, yo aquí sigo juntando piezas. Sobre todo cuando tú te vas…, ya sea demasiado lejos, o quizás tan cerquita que una mirada normal no puede verte apenas. Pues a veces siento que siempre algo de «nosotros» permanece a pesar de «todo».
Papel, te lo reconozco porque me siento frágil: Quizás mis ojos tristes se dejan llevar por los caprichos de lo imposible, pues a todas horas juguetean con espejismos quebradizos. Se mezclan con esos recuerdos diluidos entre anhelos y el mismísimo olvido (que siempre se acuerda de mí). Así la nostalgia se convierte en un «había» constante, hambriento de nuestro pasado.
Los ayeres sin apenas refugio son llevados sin preguntar, hoy tampoco. Son relegados a una vivencia casi inexistente. Marchan más desesperanzados que exhaustos. Solo allí -en su palestra privada- se liberan por fin en silencio ; a pesar de estas letras sinceras y mis lágrimas ardientes. Así el fuego se difumina por una cara mojada entre segundos volátiles, sin reclamar.
Anido entre las piezas de un puzle. Puros pedazos de mí en reconstrucción. Y me doy cuenta que -tal vez- no esté roto por mucho que digan. Tampoco incompleto o defectuoso. No sé en qué momento me volví un enigma, un juguete o un pasatiempo.
Pero… solo soy un ser que se reconstruye a su ambiguo ritmo, con la paciencia de quién vive de verdad para crear su propio trasfondo. Más allá de imágenes encerradas y troqueladas, yo busco establecer en lo más profundo de mi vida una imagen completa.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.