¿ACASO «ESO» NO ES VIVIR? Reflexiones sobre el arte
A veces me lo pregunto de forma honesto: ¿si todos… estos momentos al arte y a la palabra merecen la pena? Tantas y tantas horas dedicadas a algo infinito, imposible de perfeccionar. A ese extraño viaje -casi onírico- que alberga la vida, pero no la subsistencia en este paradójico mundo.
Sobre todo ahora… que incluso al dibujo y a la música van entrando en esta existencia, que triste les había negado dichas puertas a mis días una y otra vez. Permanecían bajo el cerrazón de una secreto atrapado en la caja fuerte de los silencios.
Allí el armazón necesita una caricia calculada y los giros de los pequeños mecanismo (como el que encierra una sonrisa) para sonreír. A mí que «me quitaron» todo eso y lucho en variopintos escenarios por encontrarlo. Por recuperarlo. Y ante todo por disfrutarlo.
A veces… si falseo y soy normativo por las reglas prestablecidas en un pacto lejano e incomprensible, me siento como un ave con alas manchadas de petróleo. Así todo permanece negro alrededor, viscoso y sin alma, perpetuamente pegado al suelo.
Duele no poder moverse libre hacia nuevos paisajes. Hacia nuevos y viejos mundos para crear y explorar. Lo deseo, ¿verdad? Poder abandonar por unas horas lo conocido e inventarse un camino, más o menos labrado, mientras trabajado forjando letras y sueños.
Es cierto, sí, puede que sea un albatros que cae ahogado al mar o desnudo a la cubierta de la civilización, en un techo -de cristal o no-. Este coordenadas de cemento que siempre nos engulle mientras nuestros sueños se filtran estampados. Así yo quedo una vez más secuestrado por la realidad y todas sus obligaciones. Sus limitaciones de todo tipo que acechar cercando mi vida muy cerca.
Y yo solo quiero que me dejen en paz entre tanta disputa, porque la única energía en la que creo es el cambio de poder crear. De traer posibilidades inexistentes al arte, hecho con la razón, el alma y el cuerpo. ¿Acaso eso no es «vivir»?
Traer lo mejor de mí en una individuo dividido por y para sí mismo. Envuelto de los tejemanejes existenciales que hilvanan la cuerda de cualquier existencia, las Moiras mueven juguetonas mis ovillos, mientras yo me enredo entre días, obligaciones y arte.
La locura arroja sus mejores ataduras mientras yo lucho por ser cuerdo, maniatado intento no ceder entre las dos mitades que nos acompañan siempre. Tal vez ninguna de las caras deban ser ya crucificadas, después de mucho pensarlo considero que entre caos y orden… ninguna de las dos deba desaparecer del todo, pues crean de forma mutua. Esa alteridad de las paradojas y las cambios transcendentales.
Son parecidas a la vida y a la muerte, pues ambas se necesitan como las dos caras de una moneda cualquiera, pero hambrienta de cielos a todas horas. Sobre todo por su voraz sed de existir.
Al final esa moneda es como yo…., quedo pendiente de giros ante la caída inminente, y entendí que caer en canto o no, es difícil sí. Solo depende de extraños movimientos y primordiales fuerzas, pues al final la imposibilidad solo depende de la voluntad musical y de una extraña estadística.
Solo espero que cuando llegue el alba de esta majestuosa ave, no haya dedicado el albatros demasiado tiempo a las obligaciones y al arrepentimiento de falsear una vida que podría haber sido real entre las opciones envolventes. Que las facturas no fracturen mi alma infantil y a ese niño que solo quería salir a jugar antes de que se lo llevaron los vientos…
Y ante todo que el deber y poder no se confundan en mi tiempo libre, cada vez más esclavo de horarios y calendarios. Mientras mi corazón mira por la ventana preguntándose en silencio lo que necesito. Una vez más y hambrienta se cuestiona mi alma lo piense, e incluso siente: ¿Qué es crear? ¿acaso eso es vivir?

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