PAPEL, GRACIAS
Papel, tengo que decirte algo. No sé porque se despeñan algunas de mis ideas, pero se empeñan en ser escritas por fin. Tal vez sean peajes de mi alma a precio de oro o no, aún no lo sé. El porqué vienen mis palabras a estas tiendas de segunda mano, aquí donde compran hasta el alma de sus pobres incautos. De esos clientes soñadores que buscan dar una segunda vida digna a sus reflexiones, con el aprecio de quien le gusta amar y tal vez vivir sin demasiados costes.
Así entre inversiones de nuevas identidades florecientes brota tal vez el encontrar una nueva versión. Una redimida. Incluso integra. Una que no tema sentir la tristeza ni la alegría. Que no se dejé llevar con respetuosa humanidad por la envidia, el amor o la ira. Que siempre van y vienes enviadas por nuestras emociones salves, quizás en busca de libertad tan anhelada como rechazadas.
Así entre tejemanejes quebradizos, maniobras pendientes y letras en ciernes por fin lo consigo: Ese hilvanar un ser entre azar, decisiones y actos. Siempre cubierto bajo el paraguas seco y universal de la literatura, pues lo reconozco en mi ser alberga un nido de palabras. Un hogar. Un universo propio. Aquí sí puedo ser persona. Incluso víctima, juez, testigo y … verdugo.
Por esa razón ambigua pero tan humana emano mis edictos. Soy capaz cada vez más de redactar incluso mis propias clausulas. Antes de volar seguiré con mis alas de plumas y tinta negra, viajando por lugares variopintos. Me embarco así en un extraño, pero anhelado viaje. En una excursión eterna viajo nómada entre letras. A base sobre de todo de líneas en tus libretas prometo que me encontraré, palabra. En ese vivir más allá de mi existencia, te encontré y no lo sabía entonces, pero me salvaste, papel. Gracias.
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