FUGAS AMBIVALENTES
Hoy os traigo nuevo contenido de mi último proyecto en Watppad, donde podéis encontrar textos más largos e inicios de futuras novelas. Se llama «Frente a una pantalla» y son reflexiones cortas.
Me parece extraño las semejanzas que nos persiguen a todos al leer un buen libro. Se vuelven puentes de nuestro mundos privados con los paisajes del exterior. Así los canales de mi ser abren el cauce de un «nosotros». Comulgo con el resto, incluso os comparto cobarde y torpe mis miedos. Pues al final todos arrojamos arrestos a la nada, antes de que se nos acabé el tiempo. Por el mero hecho de resguardar nuestra humanidad. Resquicios de nuestro ser.
Lo aprendí demasiado tarde, ante errores sin retorno y ante cambios truncados. En la vida solo hay una oportunidad para cada partido antes de nuestra última partida enlazamos intentos, intuiciones y actos. Todos combinados no tardan en enmarañarse entre el azar y la voluntad, entre sendas prácticamente intransitadas. El mañana.
Así los días posteriores se vuelven antes de que nos demos cuenta… en segundos hipotecados. Entre las letras del tiempo. El alquiler de una existencia se traduce en sus horas antes de la fugaz despedida. En ayeres.
Somos seres volátiles frente a la eternidad, pero lentos cocinamos nuestros días. Sin nunca conocernos del todo. Ardientes vivimos mezclando lo mejor que cada uno sabe sus emociones; nos congelamos ente las ausencias, desengaños y despedidas. A veces se combinan ambos saberes entre temperaturas rotas. Como un termómetro salvaje lanzado sin resguardos de cristal. Así nuestros sentimiento se vuelven ambiguos o dispersos, según cómo se mire en cada momento. Es igual o diferente, depende de cada uno supongo.
Una tristeza se difumina en un llanto, del mismo modo que una lágrima se desperdiga en plena risa. Somos seres ambivalentes que sienten de forma dual, mientras colecciones de sensaciones, momentos y recuerdos anidan por nuestras entrañas. Como si fuéramos un escaparate de la existencia… ante la muerte. Como si tuviéramos «algo» inexplicable que demostrar.
A todas horas nos enterremos en los granitos restante del reloj, nos debatimos entre ir a la playa del pasado. O desenterrar los tesoros de un después. Al final de un modo u otro siempre acabamos mancillados bajo la tierra pintamos huellas allá donde vamos… y nos vamos.
Dejamos así efímeras esculturas que el viento sin compasión se lleva a la no-existencia. Al olvido. A la senda del camino una vez recorrido. Allí donde encuentros y despedidas se vuelven limbo imperfecto. Anhelado. Caprichoso. Incompleto. Y por tanto, ante todo: humano.
Viviendo frente o no pantallas, nos adentramos en caminos imperecederos, incluso inciertos. Ya sea a solas o con el resto, siempre empezamos… alguna fuga ambivalente. Ya sea entre la realidad y sus opciones, o entre los matices privados de nuestro ser. Al final siempre recorremos algún mundo…

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.