Estoy nerviosa. Mañana seré una tijera en su primer día de trabajo. No sé si me tomarán el pelo. O quizás pronto recorten la plantilla en la peluquería. Solo espero con mis esfuerzos no hacer daño a nadie…
No en vano, el trabajo, y más el mío, a veces se siente un arma de doble filo. Afilada como una verdad inoportuna arrojada a bocajarro en una lúcida respuesta.
No sé aún si nací artista o trabajadora. Por esa ambigua razón, quizás este empleo se me vaya de las manos, pero ante todo confío en la estética amparando mis sueños, antes que bruñidos se oxiden como mi piel…, abandonada en silencio en esa calle. En un día de lluvia. O antes el paso del tiempo -que ese sí- siempre guillotina vidas.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.