Yo que temía estar en silencio a todas horas.

Y sincero lo reconozco con ciertos miedos y valentías:

desde siempre he sido un amante obsesivo…

de las anheladas e infinitas palabras.

Tal vez era un manido arte para excusarme

de cualquier posible y ambiguo nosotros

Quizás incluso era solo una fuga constante y cobarde

de mí mismo…

Pero después de mucho tiempo así,

agradecido y satisfecho ahora lo confieso:

me encanta cuando me siento pleno,

vuelvo a nacer cuando lo vivo

una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez

cuando tú sencillamente me

“dejas sin palabras”…

de tantas, tantas y tantas formas distintas y únicas

cómo solo tú sabes hacerlo:

Rescatarme y compartir la existencia

Pleno y feliz apenas me lo puedo creer,

ahora solo queda atreverse a vivirlo y entregarse

, pues por fin hablo, siento y pienso sin dudas.

Nuestras charlas aparecen como un milagro constante.

Nuestras lenguas se han vuelto el más tierno

y potente refugio.

Y nuestro días son el mejor lugar donde

decir “algo”

con o sin tantas palabras…

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.