Engalano mezclas de palabras que reaccionan libres y que han aprendido a leer entre líneas lo que oculto. Por esa razón, se vuelve irrenunciable y me libera tanto: escribir. Cincelar con cada letra lo que cada historia alberga. Más allá de lo obvio: al final a mi manera lo entendí: “Lo visible de cada historia es a su extraña manera la cara oculta de lo que jamás se narra”.
Entre lo dicho y lo omitido se esconde traviesa la historia real, que juega entre dos opciones; como un niño travieso se debate entre sus dos juguetes favoritos. Sin poder elegir. Y al final entre acierto y duda – que se pierden siempre entre pisadas ambiguas-, uno debe continuar; mientras nos alimentamos de variopintos matices que salen a maquillar arco-iris y escalares de grises, perdidas ambos entre lienzos imposibles. Y es que con el tiempo… juntar letras es cada vez más crónico.
Gracias por compartir palabras y tiempo… Un abrazo.

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