Esas decisiones pasadas me persiguen como una anaconda de piel invisible, que quiere abrazar mi cuello y atragantar con dudas mi yugular. Día tras día. Decisión aplazada tras decisión aplazada. Una y otra vez. Una y otra vez. Ya apenas escribo… Ya apenas pinto… Ya apenas hago deporte con mis amigos. Ya apenas busco componer una melodía… Y así solo me invade la pena. Apenas recuerdo lo que es entrar aquí con una sonrisa.
Y es que ahora mismo miro la puerta y la ventana con más ilusión y ganas que la mesa y el libro de estudio.
Gracias por compartir palabras y tiempo… Un abrazo.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.