Muchas veces me he sentido una última vez. En demasiados ocasiones me daba en un principio por finalizado. Era una sensación extraña, no me sentía en un estadio pleno. Ni mucho menos feliz.

En esos aciagos momentos tampoco venía la magia de ser un hueco incompleto donde cabe cualquier cosa. No encajaba en mí del todo la vida, el amor o los sueños que poco a poco aterrizan por tu ser.

Por estas crudas razones desnudo de pasiones yo andaba, incluso me sentía incomprendido. Como un promesa torpe que cae en mitad de un abismo. Como la corteza en mitad de la cicatriz arrancada de un árbol. Como tú ausencia en un lunes después de un fin de semana contigo. Me sentía… marchito.

Yo solo quería verte una y otra vez, más allá de despedidas y ausencias inevitables. Con el paso del tiempo lo he descubierto: a tu lado busco trazar más allá del ambiguo azar la constante y consciente decisión de quedarme contigo y conocernos más, como dos coordenadas cómplices sin mapa. Tampoco necesito a todas horas una brújula ni viajes con peor o mejor destino, porque solo queda ser dos puntos que apenas saben perderse para encontrarse, pero así funciona el encuentro idóneo entre tantas divisiones y opciones.

Somos como una frase que busca a otra en una conversación eterna. O un sonido que busca danzar con otro hasta besarse en una melodía, más o menos armónicos, pero que sí nos despierte algo a nosotros dos. Aunque sea ruido para el resto o una incomprensión cansada de esconderse a ojos ciegos y ajenos, me da igual mientras sea nuestra historia entre plenos puntos suspensivos… y esa magia imposible

Ahora solo queda descubrir que incluso en lo desconocido y en lo difuminado, quiero intentarlo: vivir, ser y estar. Sin duda, se pueden encontrar muchas experiencias infinitas e indescriptibles en una primera vez. Gracias a ti poder sacarlas de mí. En todos esos momentos que te sientes como una flor en prácticas durante una pendiente primavera, nervioso y ante todo desnudo a pesar de las frágiles capas que me visten.

Y ante todo con ganas de convivir con tu interior allí fuera, más allá de debates estéticos y éticos, yo solo quiero sacar por fin mi belleza e incluso sensibilidad. A flor de piel mostrar que nunca es tarde para ser todas las veces que hagan falta una experiencia nueva. Si es contigo, incluso quedarse. Allí donde brotan los momentos una y otra vez.

Ahora solo quiero volver allí donde ves más allá de ti mismo nacen nuevas estaciones… que se abren paso como la vida en un simple, pero bendito, día más. Como una flor por una caricia pendiente, yo quiero formar formar parte de la piel del tiempo que te cubre. Aspiro a que nuestro calendario no entienda de tiempos ni lugares muertas y sus hojas estén vivas, velando por nuestros momentos; como la pasión cuida del cariño cuando te pierdes en un abrazo sincero, incluso en un beso anhelado.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.