Me vuelvo a adentrar en la senda del pensamiento acompañado por la palabra. Sorprendido veo surcos en forma de cicatrices, heridas del alma, que muestran mis vivencias. Me costó  mucho entenderlo, pero… son síntomas de que he vivido.

Son las señales de la existencia.

Los latidos ya dados… con sus fuerte resonancias a su manera aún vibran. Son recuerdos. Algunos pasados, otros presentes… Nos embaten con tanta fuerza que incluso te pueden atrapar en la nostalgia. Si aprendes a sobrevivir a este dolor, el espejismo del cautiverio se vuelve coordenadas de futuro. Son matices del presente. Son grises paletas de la existencia.

Pero debemos escucharlos, como a unos susurros agridulces. Pues siempre te acompañan y traspasan nuestra piel. Así entre ruido y música, entre susurros y gritos… se materializa en mis oídos el sonido de cualquier ser humano.

En estas batallas pronto aprendí que nadie se libra de la vida. Nadie es virgen de los arañazos, ni tampoco de las caricias. Estos contactos nos igualan. Hermanan nuestras pieles.

Gracias por compartir palabras y tiempo… Un abrazo.

¿Y tú? ¿Qué piensas? Comenta. Gracias por compartir palabras.