Llegó el momento y lo sabía sin ninguna duda, le invadió una cruda verdad: no estaba preparado.
Una vez más le tocó improvisar con la cruel certeza de quién no sabe del todo lo que hace, pero pese a todo simplemente… lo intenta. Con la gracia de lo inesperado, con la valentía de quien no teme ya tanto al error y con la constancia de quien sabe que al final lo conseguirá.
Y así aprendió… con los mordiscos de “un a regañadientes”, que casi queda pendiente… . Así lo consiguió entre besos salvajes, sin caricia ni roces calculados, pero sí sinceros.
Gracias por compartir palabras y tiempo… Un abrazo.

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