UN TIEMPO EN EL ANDÉN

Mientras se va, espero entre pinchazos de realidad a que mi imaginación moribunda decida por fin. Se debate entre abandonar del todo mi infancia o seguir soñando… a pesar de los años. 365 días en cadena viajan una y otra vez por mi calendario privado.

Así un niño perdido vuelve al andén, dónde el tiempo -a todas horas mecido entre ambiguos momentos- ruega volverse eterno. Aunque sea solo por contraste… con las efímeras despedidas. Esas que a bocajarro no siempre cierran con besos o abrazos, pero sí arañan las pieles del alma.

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